Tipos de anemia: Todo a lo que llaman anemia NO es lo mismo
¿Por qué debemos hablar de tipos de anemia? A muchas personas les dicen “tienes anemia” como si eso ya explicara lo que ocurre. Pero no lo hace. Anemia no es un diagnóstico cerrado. Es una condición que indica que hay menos hemoglobina, menos hematíes o menos capacidad de transportar oxígeno de la que debería haber.
Entonces podemos deducir que no todas las anemias significan lo mismo. No es lo mismo una anemia por falta de hierro que una por déficit de vitamina B12, una por hemorragia crónica, una por inflamación mantenida o una por destrucción acelerada de glóbulos rojos. Cambia la causa, cambia la fisiología, cambia la analítica y cambia el abordaje.
Y aquí hay un dato que ayuda a poner el tema en contexto: la OMS estima que en 2019 la anemia afectaba al 30% de las mujeres no embarazadas y al 37% de las embarazadas de entre 15 y 49 años en el mundo. Es decir: no estamos hablando de algo raro ni anecdótico.
Qué es realmente una anemia y qué ocurre fisiológicamente
La hemoglobina es la proteína de los glóbulos rojos que transporta oxígeno. Cuando hay anemia, el cuerpo recibe menos oxígeno del que necesita y empieza a compensar. Por eso pueden aparecer cansancio fácil, falta de aire, palidez, mareo, cefalea o palpitaciones. Son la consecuencia de que los tejidos están recibiendo menos oxígeno y el organismo intenta sostenerse con mecanismos compensatorios.
A nivel práctico, la anemia suele venir de tres mecanismos básicos:
- se pierde sangre;
- se producen menos glóbulos rojos de los que tocaría;
- o los glóbulos rojos se destruyen antes de tiempo.
Esto importa porque en muchas ocasiones no es que el cuerpo no esté “faltado de algo”. A veces está perdiendo hierro, a veces este no se absorbe bien, o tiene déficit de B12, o de folato, o hay una inflamación crónica que bloquea la reutilización del hierro… El problema no es siempre de «producción».
En consulta he dado con casos de anemia con bastante frecuencia: mujeres jóvenes que comen poco o muy restringido y además tienen reglas muy abundantes, como también casos de déficit de B12 con sintomatología cognitiva evidente de pérdida de memoria. Ahí se ve muy bien que aunque todo sea etiquetado como «anemia» el panorama que hay detrás difiere mucho entre todos los casos.
Qué tipos de anemia hay y qué nos orienta cada una
La forma más útil de empezar a ordenarlas es entender que se pueden clasificar de dos maneras distintas: por el mecanismo que las produce y por el tamaño de los glóbulos rojos.
A) Tipos de anemia según el mecanismo
1. Anemias por pérdida de sangre
Aquí entrarían las anemias por hemorragia aguda o crónica. En la práctica clínica cotidiana, la hemorragia crónica es una causa muy frecuente de ferropenia: reglas abundantes, sangrado digestivo, hemorroides, úlceras, pérdidas ginecológicas o urológicas.
2. Anemias por baja producción
Aquí el problema es que el cuerpo no fabrica suficientes glóbulos rojos o no los fabrica bien. Dentro de este grupo entran gran parte de las anemias que más vemos en consulta:
- Ferropenia / anemia ferropénica: Cuando falta hierro disponible para fabricar hemoglobina. Es la más frecuente y muchas veces empieza antes de que la hemoglobina caiga claramente;
- Anemia por déficit de vitamina B12: Cuando falta B12, muchas veces por un problema de absorción más que de ingesta. Como consecuencia, falla la síntesis de ADN y los glóbulos rojos no se forman ni maduran bien. Además, puede dar síntomas neurológicos o cognitivos.
- Anemia por déficit de folato: Cuando falta folato, también se altera la síntesis de ADN y la formación normal de los glóbulos rojos. Suele relacionarse con macrocitosis
- Anemia de enfermedades crónicas o inflamatorias: Cuando la inflamación o la enfermedad de base alteran la producción de glóbulos rojos, la respuesta medular o el uso del hierro. Puede parecerse a una ferropenia, pero no funciona igual.
3. Anemias por destrucción acelerada
Son las hemolíticas. Aquí el problema no es solo fabricar, sino que el glóbulo rojo dura menos de lo normal. Pueden ser hereditarias o adquiridas, y suelen requerir una lectura más médica y más específica.
B) Tipos de anemia según el tamaño del glóbulo rojo
Otra forma muy útil de orientarse es mirar el VCM o volumen corpuscular medio, es decir, el tamaño medio de los glóbulos rojos:
- si el VCM está bajo, hablamos de anemia microcítica: suele orientar sobre todo a ferropenia, problemas en la síntesis de hemoglobina o, en algunos casos, anemia de enfermedad crónica;
- si el VCM está normal, hablamos de anemia normocítica: aquí conviene pensar en hemorragias recientes, enfermedad crónica, enfermedad renal o algunos cuadros inflamatorios;
- si el VCM está alto, hablamos de anemia macrocítica: suele hacer pensar en déficit de vitamina B12, déficit de folato, alcohol, hígado o alteraciones de la síntesis de ADN.
Esto no sustituye el diagnóstico, pero sí ayuda mucho a no meter todas las anemias en el mismo saco.
Qué síntomas pueden aparecer
Los síntomas generales pueden solaparse:
- Cansancio fácil
- Menor resistencia
- Falta de aire con esfuerzo
- Mareo
- Palidez
- Cefalea
- Palpitaciones
Pero algunas anemias tienen pistas más propias:
- en ferropenia pueden aparecer uñas frágiles, glositis o deseo de masticar hielo;
- en déficit de B12 pueden aparecer problemas neurológicos, de memoria, sensibilidad o equilibrio;
- en hemólisis puede haber ictericia, aumento de bilirrubina o signos de destrucción de hematíes;
- en anemia inflamatoria suelen dominar más los signos de la enfermedad de base.
Aun así, esto es solo un marco general. Cada persona manifestará la anemia de forma distinta según la causa, la velocidad de instauración, sus tejidos más vulnerables y su capacidad de compensación.
Qué mirar en una analítica
Aquí está una de las partes más útiles del artículo: no mirar solo “si hay anemia”, sino qué patrón sugiere.
Lo básico suele incluir:
- Hemoglobina, hematocrito y recuento de hematíes
- VCM, para orientar si es microcítica, normocítica o macrocítica
- Reticulocitos, que son glóbulos rojos jóvenes y ayudan a saber si la médula ósea está respondiendo bien.
Luego, según sospecha:
- Ferritina, hierro sérico, transferrina y saturación de transferrina en ferropenia; la ferritina sigue siendo una de las pruebas más útiles para déficit de hierro, aunque hay que interpretarla con cuidado si hay inflamación.
- Vitamina B12 y, según el caso, marcadores funcionales si el cuadro no cuadra.
- Folato cuando hay macrocitosis o sospecha compatible.
- LDH, bilirrubina o haptoglobina si pensamos en hemólisis.
El médico sabrá orientar qué pruebas conviene ampliar o completar según la sospecha clínica y el contexto de cada caso.
Qué hábitos conviene revisar en anemia
Aquí no se trata de dar una lista de “alimentos para la anemia” y ya.
Me interesa revisar:
- si la persona come suficiente y con variedad;
- si realmente aporta hierro hemo o fuentes útiles cuando toca;
- si hay factores que dificultan la absorción;
- cómo está la salud digestiva;
- si hay menstruaciones muy abundantes;
- si hay alcohol, restricción crónica o etapas de gran desgaste;
- y si el sistema nervioso está en un nivel de desregulación que está empeorando digestión, apetito o capacidad de sostener hábitos.
No comer lo adecuado a nuestra necesidad sigue siendo un error frecuente. Pero también lo es suponer que todo se resuelve simplemente “comiendo mejor” cuando hay un problema de absorción, una pérdida crónica o una causa médica de base.
Cómo acompañar las anemias desde una mirada integral
Aquí para mí hay una línea importante: acompañar no es sustituir el tratamiento médico. Si una persona necesita hierro pautado, vitamina B12 inyectada o seguimiento médico, eso no se discute. Desde una mirada naturopática, el acompañamiento puede afinar bastante según el tipo de anemia, la analítica y el contexto general de la persona.
Empezar por la alimentación es esencial. En este caso, tiene mucha importancia y sentido revisar profundamente el aporte real de hierro, vitamina B12, folato, vitamina C y proteínas, pero también la forma en que se están absorbiendo. Aquí son especialmente interesantes las verduras de hoja verde, por su aporte de folato y clorofila (la “hemoglobina vegetal”). También pueden valorarse complementos como verde de alfalfa, chlorella, espirulina, polen de abeja, jalea real, levadura nutricional y acerola, esta última especialmente útil por su aporte de vitamina C, que ayuda a metabolizar mejor el hierro.
Herramientas naturopáticas
Desde la fitoterapia, podemos recurrir a la ortiga como apoyo antianémico, o a la maca cuando además hay fatiga, desgaste o necesidad de un apoyo más tónico. En personas muy agotadas, también pueden incluirse adaptógenos como ashwagandha, ginseng, astrágalo o rodiola, si el caso lo pide.
También en micoterapia se puede valorar el uso de hongos como el Cordyceps, por su relación con el uso del oxígeno, la producción de ATP y el metabolismo energético, y el Pleurotus ostreatus, por su perfil inmunoestimulante y oxigenante.
En oligoterapia, la anemia se relaciona sobre todo con un patrón hiporreactivo, por lo que recurrimos a Mn-Cu (Manganeso-Cobre) como oligoelemento base. También podemos beneficiarnos del Mn-Cu-Co (Manganeso-Cobre-Cobalto) como recuperador en estados de anemia y del Cu-Au-Ag (Cobre-Oro-Plata) cuando predomina una sensación marcada de anergia (bloqueo). Específicamente, conviene tener presente el papel del oligoelemento de cobalto, por su acción eritropoyética, y el de cobre, por su participación en el metabolismo y la asimilación del hierro.
Desde el sistema de las sales de Schüssler, puede valorarse el uso de Calcium phosphoricum (sal nº 2) en casos de anemia, Ferrum phosphoricum (sal nº 3) en anemia ferropénica, Natrium muriaticum (sal nº 8) para la debilidad, o incluso, Kalium sulfuricum (sal nº 6), por su papel en el transporte del oxígeno.
La terapia floral de Bach, desde un enfoque más vibracional y emocional también nos ofrece varias opciones: Hornbeam, para la astenia y cansancio de las anemias, o Chestnut Bud, cuando hay un componente digestivo o dificultad en la asimilación de nutrientes.
Y, por último, existen estímulos naturales con recursos a nuestro alcance y muy concretos. En anemias ferropénicas, la hidroterapia puede apoyar mediante lavados completos o la cura de Kneipp con baño de aire, mientras que la sauna está contraindicada en este contexto. También encajan prácticas como el tratamiento de pies fríos o las envolturas frías de tronco productoras de calor, que buscan estimular el metabolismo y favorecer la absorción de hierro. Las aguas con alto contenido en hierro también pueden aportar un buen apoyo complementario. A su vez, la helioterapia también tiene su beneficio claro, ya que la luz solar se relaciona con un aumento en la síntesis de leucocitos, hematíes y plaquetas, especialmente en anemias hipocromas, aunque no se recomienda en anemia perniciosa por falta de B12.
La clave, de nuevo, no es usarlo todo a la vez, sino revisar, profundizar y elegir bien. Según el tipo de anemia, el contexto y terreno de cada persona, habrá remedios más adecuados que otros.
La dimensión emocional y psicosomática
La sangre no se entiende solo como un tejido que transporta oxígeno y nutrientes. También puede leerse simbólicamente como algo ligado a la vida, la pertenencia, el sostén y la manera en que una persona se nutre y se siente sostenida.
Con esa mirada, la anemia puede aparecer en contextos de agotamiento, desvalorización, falta de alegría vital, sensación de molestar, dificultad para sostenerse o para recibir sostén. En algunos enfoques se relaciona también con vivir en una atmósfera que la persona siente como tóxica, asfixiante o poco nutritiva, en sentido literal o simbólico.
No lo planteo como una interpretación cerrada ni como sustituto de la fisiología. Lo planteo como una pregunta complementaria: además de mirar hierro, B12, pérdidas o absorción, a veces también puede ser útil explorar si hay una vivencia de fondo de falta, desgaste, desconexión de las propias necesidades o dificultad para habitar la vida con energía y alegría.
Cómo lo trabajo en Albaraque
En Albaraque no me interesa quedarme en “tienes anemia”. Me interesa entender:
- Qué dicen las analíticas y qué valoración hacen médicos u otros profesionales
- Qué tipo de anemia hay: pérdida, producción o destrucción
- Qué sistemas están implicados
- Cómo enfocamos hábitos y dieta
- Qué remedios, recursos y herramientas naturales apoyan la fisiología hacia el equilibrio
- Cómo integramos la esfera emocional, mental y energética
Ese trabajo encaja dentro de Estudio CONECTA, porque permite ordenar el caso, leer el contexto y acompañarlo de forma natural y personalizada, sin perder de vista el diagnóstico ni el seguimiento médico cuando hacen falta.
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Preguntas frecuentes sobre anemias
De forma práctica, pueden ordenarse en anemias por pérdida de sangre, por baja producción de glóbulos rojos y por destrucción acelerada. También se clasifican por VCM en microcíticas, normocíticas y macrocíticas.
No. La ferropenia es muy frecuente, pero también hay anemias por déficit de vitamina B12, folato, inflamación crónica, enfermedad renal, hemólisis y otras causas.
Hemograma completo, VCM, reticulocitos y, según el caso, ferritina, hierro, transferrina, saturación de transferrina, B12, folato, LDH, bilirrubina u haptoglobina.
Sí. Puede haber hormigueos, alteraciones sensitivas, problemas de equilibrio, cambios de ánimo y también memoria o cognición. Incluso pueden aparecer síntomas neurológicos antes de una anemia muy evidente.
Sí, como complemento. Ayudando a revisar dieta, absorción, digestivo, hábitos, sistema nervioso y contexto general, pero sin sustituir el diagnóstico ni el tratamiento médico cuando hacen falta.
Puedes leer más artículos sobre algunas de las técnicas que aplico en el abordaje de las anemias en las siguientes categorías del Blog:
